Me dí cuenta de xue
pesa
de ra
entizar bastante la marcha, una vez acostmbrado, era bastante seguro. Ten
endo en cuenta que los intermitentes y
os retrovisores no existían, y que l
camioneros conducían como si llevaran coches de choque, aquella era una buenaa manera de evitar que un camión se cambiara de carril violentamente mientras un coche le adelantaba.
No necesité demasiado tiempo para recordar que en las carreteras de La India, había que circular siempre con mil ojos. Era tan normal encontrarse a un vehículo por dirección contraria y sin luces, como a un par de vacas despistadas, durmiendo en mitad de la carretera.
Las primeras nueve horas de conducción no se hicieron demasiado pesadas, y pronto empezó a amanecer. Cuando los primeros rayos de sol comenzaron a despuntar, había recorrido casi 600km.
Eso era una tercera parte del recorrido y no estaba nada mal. Había necesitado beberme más de medio termo de café para no quedarme dormido, y maldije en varios momentos el no haber dormido más los últimos días, que en parte fue debido al té que me debía beber cada vez que hacía un nuevo amigo.
Eran las seis de la mañana, y me esperaba un larguísimo día de conducción por delante. Debía mantener como fuera el mismo ritmo que llevaba, lo cual sería difícil porque durante el día había más tráfico que por la noche.
Los caminos variaban de buenos a malos y a malísimos indistintamente. Podía encontrarme con 50km seguidos de carretera perfectamente asfaltada, y que de repente esta tornara en un camino de cabras durante la siguiente hora y media. Así todo, estaba haciendo una media que rondaba los 60km/h, y eso no estaba nada mal.
A las ocho de la mañana, me detuve en una pradera a descansar durante 20 minutos, en los cuales dormí profundamente. Continué conduciendo durante toda la mañana hasta la hora de comer, y tuve que empezar con la botella de Té antes de lo que me hubiera gustado.
A media tarde, tuve el primer percance del viaje, cuando un autobús no se percató que le adelantaba, y mientras le estaba rebasando en una curva abierta de una carretera de dos carriles, decidió girar bruscamente al carril en el que yo me encontraba.
Por física elemental, dos cuerpos no podían ocupar el mismo espacio, y por sentido común, si un cuerpo de diez toneladas se abalanzaba sobre uno de tres, con toda seguridad el de tres sería desplazado.
Eso fue exactamente lo que sucedió, y tras ver una enorme masa metálica que se dirigía en inevitable rumbo de colisión hacia mí, poco pude hacer a parte de sujetar el volante con firmeza y apretar los dientes y el trasero.
El tremendo golpe, hizo que el pobre Andrés saliera despedido hacia la derecha, y chocara con el bordillo, para volver a golpear al autobús, que tardó unos segundos en rectificar su marcha y volver a su carril.
Yo me quedé dando bandazos durante algunas decenas de metros, y terminé por apearme a la izquierda de la calzada, unos metros delante de donde lo hizo el Autobús.
Me bajé del coche bastante enfadado pero tranquilo, sin entender muy bien que todos los cristales estuvieran enteros, y que aparentemente Andrés no hubiera sufrido mayor daño estructural que una aleta delantera izquierda bastante arañada.
Me dirigí al autobús con aire de pocos amigos, y al llegar a la puerta del conductor, pude ver a este tras el cristal, atemorizado y con las manos en el pestillo. Le grité que saliera a la vez que le hacía un gesto con la mano, pero este se negó. Me fijé en el lateral del autobús, y me llamó la atención ver un enorme abollón con la chapa cortada por encima de la altura de mi cabeza, y entonces comprendí que era lo que había impactado contra él, evitado que me destrozara todo el lateral. El gato Hi-lift. Una pieza de 120 cm, y más de 20 kilos de hierro macizo que servía para levantar el coche, y que transportaba sobre la puerta del conductor, enganchado a las barras de la baca con una estructura metálica tremendamente resistente.
Volví a mi coche para comprobar el gato y efectivamente había sido lo que había soportado el impacto. Tan solo se había doblado un poco uno de los ocho soportes de la baca, pero esto no supondría ningún problema.
Finalmente conseguí hablar con el conductor suicida, que terminó por salir junto a todos los ocupantes del autobús, y salvo por el comportamiento hostil del revisor de los billetes, que alegaba que había sido culpa mía por no haber tocado la bocina, y que no dejaba de tener su parte de razón, todo acabó con un apretón de manos y una buena lección aprendida: Al llegar a Madrid, pondría otro gato igual en el lateral derecho.
El pequeño percance con el autobús, sirvió para distraerme un poco y concienciarme de los peligros reales de conducir por La India. A partir de ese momento fui aun con más cuidado.
A las seis de la tarde, llevaba más de veinte horas conduciendo sin parar, y había recorrido 1.200km. Aun me faltaba un tercio del viaje para llegar a Chennai, y tan solo seis horas para que aterrizara el avión de Mariana. El cansancio acumulado convertía las horas en odiseas, y los kilómetros empezaron a hacerse cada vez más largos.
Jamás en mi vida recordaba haber conducido tantas horas seguidas, a pesar de si recordar haber recorrido más kilómetros seguidos…
“Hacía cuatro o cinco años que un mes de junio estaba en Madrid con mi amigo Nicolás Olano, cuando le pedí el favor de acompañarme a casa de una tía mía en un pueblo a las afueras de Madrid, para recoger un par de butacas.
Acordé en pasarle a buscar a las 4 de la mañana, para así hacerlo de noche y evitar el calor, y a esa hora estaba en la puerta de su casa con mi camión carrozado de alquiler, y la que por entonces era mi novia.
Al poco de salir, Nico se quedó dormido, y no supe nada más de él, hasta que llegando a Córdoba, me preguntó que donde estábamos.
- Llegando Nico, llegando. Vuelve a dormir.
Lo de vuelve a dormir no coló, pero sí lo de que estábamos llegando. Un par de horas después, llegando por fin a Conil de la Frontera, Nico tomó conciencia del pincho que le había hecho, y se cogió un cabreo supino.
A pesar de ayudarme con todos los muebles que tenía que cargar en el pequeño camión, se negó en rotundo a subir conmigo hasta comillas al llegar a Madrid, que era donde debía llevar la mudanza de mi tía.
Aun recuerdo como si fuera ayer, la imagen de mi amigo, cuando llegando a Cádiz se llevaba las manos a la cabeza repitiendo una y otra vez con su característico acento americano: Eres un cabronazo tío!!”
Afortunadamente terminó por perdonarme, y precisamente en aquel momento estaría con los preparativos de su boda en Atlanta. A la cual no podría acudir por razones obvias.
Tardé algo más de nueve horas en recorrer los 500km que me separaban de Chennai, y tuve que parar en más de un control policial, para pedir que me dieran una taza de té o café, cosa que siempre hicieron encantados. Había pasado más de 30 horas conduciendo sin parar para recorrer más de 1.700km, después de varios días durmiendo lo justo y trabajando más de la cuenta. Nunca había tenido tanto sueño.
pLa Vuelta al Mundo de Sarto » Blog Archive » 2 AL 12 DE ABRIL. INDIA DE CABO A RABO. DAMAS A BORDO. Health Nakedpublicprancing Glossy Resultsnaked Public Naked Forced Naked Public Prancing Prancing Dancing Porn Dating Sex Love Blackmailb r Prancing Love Porn oLa Vuelta al Mundo de Sarto » Blog Archive » 2 AL 12 DE ABRIL. INDIA DE CABO A RABO. DAMAS A BORDO. Health Nakedpublicprancing Glossy Resultsnaked Public Naked Forced Naked Public Prancing Prancing Dancing Porn Dating Sex Love Blackmailq x Prancing Prancing